Efectos Secundarios

viernes, 9 de marzo de 2007

Es aquí, es aquí, es aquí...


En la imagen, el tráfico de la hora de la salida de la escuela en Nueva Delhi. Nótese que los transportes escolares son rickshas, y la imagen de Shiva en el tablero de mi taxi...

Bueno, pues de 12 nominaciones, hubo una sola diosa de plata, que se convertirá en posesión de la comunidad, me temo.

Me dedico en este espacio entonces a platicarles de otras cosas: Ayer fui con Arturo Barba a escuchar en vivo a Improbable People, que son unos chidazos, y además de tocar maravillosamente, le abrieron nada más ni nada menos que a los Kings of Convinience. De modo que nos pasamos dos horas espléndidas escuchando a Erlend Oyes. Muy recomendable!

En fin. Prometí hablar más acerca de la India, así que cumplo, por difícil que parezca la tarea, precediendo mi relato, condenado a quedarse corto ante la experiencia, con un sentido, profundo y verdaderísimo agradecimiento a la gente de la embajada de México en India, a Claudia, a las finísimas personas de la Universidad Jamia Milla, y a todos los que se apiadaron de una viajera improvisada en las antípodas de su tierra.

En primer lugar, explicar que los hombres Indios son los verdaderos pros del ligue. Del deporte del ojito. Del Howyoudoin? En resumen que quítense lancheros acapulqueños, Italianos sobretestorenonados, y creo que hasta expresidiarios recién liberados. Nada compara con echarse una caminadita en jeans por Old Delhi. No, si no salí embarazada creo que porque pasé rápido. Sí, es muy halagador y todo eso, pero por ahí de la décima vez que sales con novio cada vez que preguntas cómo ir a algún lugar, o nada más esperas para cruzar la calle -deporte por demás extremo considerando el flujo de rickshas, motonetas, biclas y taxis, que se guían no por los carriles pintados de adorno en el suelo, no por las señales de tráfico, sino por el claxonazo que piden con sendos letreros todas las defensas traseras, en hindi o en inglés.

En fin. Hay otra cosa enloquecedora... los olores. Todo huele a especias. A supbari, que ellos le llaman a algunas yerbas. A incienso, que se quema en todas partes. A patchuli y sándalo. A humo de escapes, de la basura que quema la gente para calentarse en la calle. Una mezcla tan desconcertante como todo lo demás. Todo mundo canta. Todo mundo grita en hindi. Las sonrisas están manchadas del rojo del tabaco que mascan. Los Sikhs combinando sus turbantes para que hagan juego con su camisa, los sarees, las batas, la tela flotante de los colores más imposibles en otro continente, los colores... monos en las calles, loros verdes, halcones, vacas, camellos, elefantes. Películas en las que se canta a la menor provocación, incluso si son la versión Bombay de 007.

Los intocables, en un sistema de castas que desde luego que existe. Los castrados, vestidos de mujer, que dan suerte. Vendedores, vendedores, vendedores... la casi imposibilidad de encontrar precios fijos, porque todo se regatea.

Chutney, curry, chapatis. Lassi para beber. Té con leche. Sonrisas. Madam para acá y para allá. Mi novio Rohit, de 15 años, que me pidió un beso y 20 rupias cuando acabó de darme el tour por las tiendas, y me paró una ricksha. Mis manos pintadas de henna, por una mujer que no habla inglés, y me las talla con aceite de mostaza antes de pintarlas con un sólo largo trazo. Mi otro novio Sahmed que vendía sacos de tela bordada. Dioses, todos los dioses del mundo, hermosísimos en los templos, de mármol blanco pintado a mano, de tamaño natural, bailando gráciles, como si no pesaran 3 toneladas, vestidos en seda, con collares de flores. El sempiterno bindi en el centro de la frente, rojo, candente. El templo Jain de 1000 años que aparece en un callejón olvidado, y el tenerte que lavar las manos, la boca, los pies antes de entrar, y el guía que te explica que ese es su dios 14, su dios 24, y te pone un bindi amarillo, de azafrán y sándalo. Basura. Publicidad. Rincones que te recuerdan Blade Runner. Turistas. Perros. Un inglés del que no entiendes más que la última palabra en cada frase. Rupias, rupias, rupias, en el mercado de las novias, lleno de brazaletes, aretes, bordados dorados, metros tras metros de seda roja. Como todas las mujeres aquí, menos tú.

Las piedras. La plata. Un jardin inglés, perfectamente cuidado, perfectamente alejado de los cláxones y los gritos, que dentro esconde 8 tumbas de reyes y reinas. El Q'ran, labrado en todas las puertas. El llamado a la oración del muezzin, lejano, extranjero, lamentoso para el visitante bárbaro en el que te reconoces de pronto.

El Taj Mahal, que es la cosa más bella que has visto nunca, y aunque estés harta de ver las fotos, cuando lo ves de verdad, las rodillas se te doblan. Caminar entre las piedras de una ciudad amurallada y olvidada. La leyenda sobre aquel dintel: Si es que existe el paraíso, es aquí, es aquí, es aquí.

Y el infierno también. Es aquí, es aquí, es aquí.

India.

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posted by Unknown at 12:00

6 Comments:

porque sera que es tan dificil leer laegos post

12 de marzo de 2007 a las 22:21  

largos

12 de marzo de 2007 a las 22:22  

como es que vine a dar aqui? por que no puedo dar conminguno de su post en ninguno de tus blogs?... es pa Geekganster... regards!
MIle

13 de marzo de 2007 a las 21:56  

si , si es que existe el paraiso ... besos/*

26 de marzo de 2007 a las 1:50  

siempre se me ha hecho muy interesante saber cosas de otros paises, muy bueno todo lo q relatas, los rickshas son esos como autos de 3 ruedas no? un hibrido moto-auto?? o me confundo

8 de mayo de 2007 a las 14:33  

Holaaaa gracias a ti tambien por visitar mis pequeños espacios, a mi me gustan bastante los tuyos. Sobre todo la Blogosfera =P Al igual que S4lmOn tambien me gusta saber cosas de otros países, y la verdad tampoco sé que es un Ricksha jajajaja perdona la ignorancia!

31 de mayo de 2007 a las 6:19  

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